UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO

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Algún intelectual recién fallecido decía que "el mexicano perdona todo, menos el éxito ajeno". Probablemente estamos ante un diagnóstico acertado.

Quien se entristece y se incomoda por la prosperidad y el éxito de vecinos o compañeros, va permitiendo que su corazón se vaya carcomiendo por la envidia. Si ese sentimiento negativo se deja crecer, se convierte en un impulso destructor, que termina generando odios y rivalidades homicidas.

La ola violenta que desestabiliza al país no es pretexto para dejarnos salpicar, ni mucho menos envenenar el corazón por el resentimiento y el odio.

El Señor Jesús resistió al mal, con actitudes firmes y conciliadoras, discerniendo en cada ocasión, la mejor forma de enfrentar a los violentos.

Reflexión dominical "La verdad católica"

 
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