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DE HIGUERA A HIGUERAS
33o. Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo B


No me refiero al apellido Higuera que puede identificar a personas, familias y generaciones. Hablo, más bien, de la higuera que pone Jesús como ejemplo para abrir el horizonte a realidades que todavía no alcanzan a ver nuestros ojos. Es bello el ejemplo de la higuera como señal y es lícito imaginarla campeando con sus lecciones en el huerto de Dios.

Aunque también 'los Higuera' pueden darse por aludidos -no sé si con temor y temblor- por la suerte de las hojas y las ramas que anuncian el verano y más allá de las estaciones de la vida. El texto apocalíptico que escuchamos este domingo va más allá de alusiones personales y familiares. Se trata del destino final del mundo presente, del paradero de los frutos de la higuera y el después del anuncio de veranos calurosos. Jesús nos invita a responder a la angustiosa pregunta que se hace todo ser humano: ¿En qué va a terminar todo esto? ¿Qué sentido tiene la vida? ¿Para qué amar si el ser amado termina yéndose de nuestra mirada?

La Palabra de este día es difícil de comprender y la dificultad aumenta cuando tratamos de digerirla y aceptarla. Si la forma catastrófica como se anuncia y dibuja el final de todas las generaciones no cabe en nuestros lenguajes, con más razón cuando contemplamos estas hechos desde nuestras formas de pensar y de ver el mundo. En muchos de nuestros ambientes respiramos aires que contaminan el alma y su sed de eternidad que se cumplirá en el más allá; hay tantas ideas que se han vuelto locas que van deteriorando y oscureciendo la visión de la vida y de la muerte. El individualismo exagerado y el afán del vivir por vivir debilita los lazos y enlaces con los demás y, desde luego, la posibilidad del encuentro definitivo con Dios.

El ejemplo de la higuera está lleno de actualidad. El Papa Francisco, en su homilía del viernes pasado, nos ha regalado esta reflexión: "Es necesario dirigir la mirada 'siempre más allá' hacia 'el hábito final' al único Dios que está más allá 'del fin de las cosas creadas' como la Iglesia enseña en estos días que concluyen el Año litúrgico, para no repetir el error fatal de mirar hacia atrás, como sucedió a la esposa de Lot, teniendo la certeza que si 'la vida es bella, también el ocaso será muy bello' ".

¿Qué va a ser de nosotros en el futuro? Hoy se nos anuncia que el mundo no está dejado de la mano de Dios; que debemos tener fe y confianza, a pesar de no comprender tanto mal y maldades; que debemos tener esperanza, a pesar de no saber cómo ni cuándo vendrá el Hijo del hombre "con gran poder y majestad".

Los bendigo desde Hermosillo.


†Sigifredo Noriega

Obispo de/en Zacatecas

Con autorización del Señor Obispo de Zacatecas Sigifredo Noriega ¡Gracias Don Sigi!

 

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