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SEÑOR, TE NECESITAMOS
18o. Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo B


Experimento sentimientos encontrados al regresar a Zacatecas. Por una parte, la enorme tristeza por el trágico accidente en Mazapil, en el primer día del novenario a 'Nuestro Padre Jesús'. Por otra, la compasión solidaria de tanta gente que nos ha manifestado su cercanía. El alma religiosa de nuestra gente se hace abrazo fraterno y mano generosa en la caridad.

La primera oración-reacción que ha brotado de los labios secos y los ojos llorosos de la gente de Mazapil es un grito de queja, dolor y esperanza: ¿Por qué, si estábamos preparando la fiesta patronal? ¡Señor, ten piedad de nosotros! ¡Señor, muéstranos tu misericordia al recorrer estas calles oscuras del sufrimiento y de la muerte!

La sangre de los inocentes ha corrido, otra vez, por las calles de uno de nuestros pueblos. Al mirar al Cristo, dolorosamente sufriente, que la gente de Mazapil y alrededores celebra y venera el seis de agosto, miro, al mismo tiempo, los rostros y las historias de la gente inocente que ha cerrado trágicamente sus ojos a este mundo. El consuelo y la esperanza nos llegan por el amor incondicional del Inocente por excelencia: Jesús Crucificado y Resucitado. Sólo Él puede consolarnos y abrir, otra vez, la ruta de la esperanza en la Vida Eterna ya que la muerte no es el final del camino.

La Palabra de este domingo es contundente: el Dios de Jesucristo es para saciar el hambre más profunda que tenemos. Creer en Jesús y creerle a Jesús exige fidelidad y aceptación. Creer en Él es acogerle en momentos luminosos y, con más necesidad, en los misterios dolorosos de la vida. Seguirle es aceptar el don que el Padre nos da todos los días en Él: "Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre". Creer en Jesús es aceptar su palabra también -con más necesidad- cuando caminamos por valles oscuros.

Señor, te necesitamos hoy más que nunca, podemos orar confiadamente. En la cultura de nuestro tiempo caemos fácilmente en la tentación de no necesitar a Dios para nada, o de hacernos un Dios a nuestra imagen y semejanza. A veces, nos mantenemos en un terreno superficial de necesidades básicas que la sociedad de consumo puede colmar con un poco de dinero. Pero, ¿qué pasa cuando aparece la necesidad de plantearnos el sentido del sufrimiento, de la muerte, del amor, de la vida? Solamente la fe en Jesucristo puede abrir la ruta de la esperanza.

Un Dios a medida de nuestros caprichos puede satisfacernos momentáneamente pero no es el Dios verdadero que Jesús nos ha revelado. Dios tiene preparado para nosotros el pan de/para nuestra hambre y el vino de/para nuestra sed: Cristo Jesús es el alimento, el pan vivo bajado del cielo. Todos los demás alimentos quitan el hambre y la sed a ratos.

No nos vendrá mal orar y rezar, en cualquier circunstancia de la vida: "Señor, danos siempre de ese pan".

Los bendigo desde el altar de la Eucaristía.


†Sigifredo Noriega

Obispo de/en Zacatecas

Con autorización del Señor Obispo de Zacatecas Sigifredo Noriega ¡Gracias Don Sigi!

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