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VIDA EN ABUNDANCIA, VIDA ETERNA: LA RESURRECCIÓN
Quinto Domingo de Cuaresma. Ciclo A


El lunes pasado acudimos a sepultar al padre Aurelio Carlos en el camposanto La Purísima, en Zacatecas. Se trata de un cementerio muy antiguo, morada de la muerte y de la vida de varias generaciones de zacatecanos. Las catequéticas tumbas y las lágrimas que han regado infinidad de veces sus calles, lo dicen con/en la soledad del silencio. Hay allí un espacio que la diócesis de Zacatecas adquirió para sacerdotes. Sus nombres son desconocidos para la presente generación; el más reciente data de 1961. Allí depositamos los restos mortales del padre Aurelio. Respiramos un ambiente/aire con frescor de humanidad: silencio, lágrimas, lágrimas en silencio, rostros pensativos, abrazos de cercanía y amistad, Martas y Marías, fin de una vida de entrega y espera del cumplimiento de la promesa del Señor Jesús. También una esperanza serena al ver el panteón lleno de cruces: las nuestras y la cruz del Crucificado/Resucitado que anuncian que las tumbas son lugares de paso, no espacios definitivos. Al escuchar el Evangelio de este domingo, imaginé lo sucedido en Betania con Lázaro, su familia, sus amigos y las circunstancias de los presentes en la experiencia de la muerte de Lázaro.
Es la tercera catequesis que recibían los catecúmenos a ser bautizados (nadie se bautiza a sí mismo) en la Vigilia Pascual. Agua, luz, ahora la razón de ser de la luz y del agua del Bautismo: la VIDA ETERNA, la VIDA EN ABUNDANCIA que exige una nueva vida, al estilo de Jesucristo, y es ya una realidad en el presente. La pregunta que está detrás de toda la catequesis versaba (versa) sobre la muerte, la muerte de los amigos de Jesús, de los que creen en Él. En otras palabras, el por qué y el para qué de creer o no creer en Cristo, de ser bautizados en su nombre. El texto lo hace saber al presentar diversos grupos de personas, cada uno con sus dudas: los discípulos, las hermanas de Lázaro, los sacerdotes, los judíos de a pie y los peregrinos o vagabundos de todos los tiempos. La respuesta a las dudas de todos es Jesús: Yo soy la resurrección y la vida. El mismo Jesús se presenta como el único que puede devolver la vida a Lázaro. Lo explica en los diálogos que tiene con sus discípulos y con las hermanas de Lázaro. Marta y María lo creen firmemente. Es la fe en Jesús la que conduce a la resurrección y a la vida.
Constatamos que Jesús nos pide creer en Él que es la resurrección y la vida, sin prohibirnos llorar. Fe y lágrimas. Fe con lágrimas. Sería inhumano que hubiera fe en la resurrección sin lágrimas. Es más, será Dios mismo, en el último día, quien enjugará nuestras lágrimas (Apocalipsis 21,4). En medio, entre las dos, se vive el drama tremendo de la condición humana. No queremos morir… Reclamamos a Dios que no se apresure, que esté lejos, cuando lo invocamos ante la enfermedad mortal, la muerte ‘a destiempo’, el accidente imprevisible… Decimos que nosotros tenemos más necesidad de los que mueren, que Dios… La muerte no está para ser entendida, está para ser aceptada con fe y lágrimas. Al principio, en el momento, se nos cierra el mundo… Jesús manda a la atormentada viuda de Naím, que acompañaba el ataúd de su hijo, que no llorara. En la muerte de Lázaro, por el contrario, Jesús llora, como Marta y María, como los amigos, como los humanos de todos los siglos. Jesús vive, a la vez, dos sentimientos: de conmoción ante la muerte de su amigo y de confianza en sí mismo y en el Padre. A Jesús le avisan de la muerte de su amigo, pero no se apresura; deja que todo pase para que resplandezca más la fuerza que el Padre le da. Él levantará de la muerte a su amigo Lázaro y a todos los que crean en Él: “El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo aquel que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre”. Nosotros creemos; por eso hemos sido bautizados.
Estamos a quince días de celebrar el Domingo de Pascua, el día que hizo el Señor, día de alegría y de gozo. Como Marta, María, Lázaro, el padre Aurelio y…, vamos a renovar nuestra fe en el Señor que, resucitando, nos ha dado NUEVA VIDA, VIDA PLENA, VIDA SIN FIN, VIDA EN ABUNDANCIA, VIDA ETERNA. La vida es la vocación y el destino del cristiano. Por eso es esencialmente contradictorio creer en Jesucristo y, al mismo tiempo, promover la cultura de la muerte, de cualquier forma.
Extiendo mi corazón y mis manos para bendecirlos.

+ Sigifredo
Obispo de/en Zacatecas

Con autorización del Señor Obispo de Zacatecas Sigifredo Noriega ¡Gracias Don Sigi!

 

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