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LUZ ABUNDANTE EN/PARA EL CAMINO
Cuarto Domingo de Cuaresma. Ciclo A


La salud visual del ciego no es una curación más... Escuchamos la segunda catequesis con sabor fuertemente bautismal. La primera fue sobre el agua que derramó el cántaro de la mujer de Samaria y ha bañado la cabeza de los creyentes de todos los tiempos y pueblos, la tuya y la mía, año 2014 y más. Ahora se trata de la luz, materia prima de/para la vida y signo luminoso del bautismo en/para la vida. Ver, luz, visión, mirada, fe, vida.
“Jesús vio al pasar a un ciego de nacimiento…” Jesús ‘ve’ primero al ciego. ‘Al pasar’… Evoca/anuncia su Pascua y nuestra incorporación a su muerte y resurrección por el agua del Bautismo… Él es quien viene/sale al encuentro de los hombres y mujeres que caminan en/por las calles oscurecidas por tantas cegueras. Dios nos amó y nos ama primero; no hay duda, ninguna duda. El ciego lo aceptará al final del encuentro, nada fácil, con Jesús. Ahora la dificultad viene del entorno: sus papás, los vecinos y los fariseos. En el encuentro con la samaritana las dificultades venían de su interior insaciable. El ciego, en su proceso de creer, irá descubriendo y aceptando la fuerza de la fe en Jesús, luz del mundo. El evangelista nos muestra ese recorrido interior que toda persona perdida en tinieblas realiza hasta encontrarse con la luz del mundo que es Jesús. Cuando la fe es encuentro vital con Jesús no hay dificultad que no pueda ser superada.
¿Quién eres, Señor, para que crea en ti? La luz es necesaria para vivir. ‘Querer ver’ es un deseo y una necesidad humana de todos los días, en todas las etapas de la vida. La necesidad de ‘ver’ se nota más cuando las noches son oscuras, cuando no entendemos algo, cuando ‘no vemos claro’ lo que tenemos que hacer en diversas situaciones de la vida. ‘Querer ver’ no sólo es una necesidad fisiológica y mental; también puede indicar necesidades más profundas: la luz interior, la mirada de la conciencia, el sentido de la vida… Encendemos mil luces, lámparas, pilotos, faros, carteles luminosos… Energía eléctrica, solar, nuclear… Vamos al oculista, usamos lentes y gafas contra rayos ultravioletas, cirugías laser… Tenemos bien controlada la visión, iluminamos casas, calles, túneles, tiendas, templos… Todo parece rebosar luz, y vaya que es cara, muy cara… Sin embargo, por más watts que consumamos no alcanzamos a ver bien, a mirar con profundidad… Y seguimos investigando, buscando.
Aprender a ver-mirar es un arte. La vista-visión es un don y una tarea. Por medio de la mirada ingresa la luz, las imágenes, todo aquello que nos hace entrar en contacto con la realidad, con la vida, en su profundidad y en su horizonte… Los primeros cristianos comparaban las aguas de la piscina de Siloé con el agua del bautismo. El que recibe el bautismo se abre a una luz nueva que proviene de la fe. Ver ya no es cuestión de tener buenos ojos, buena vista, buenas gafas/lentes, buenas razones... Creer es dejarse mirar por Jesús que ‘pasa’ y sigue ‘pasando’ por las calles de mi/nuestra historia. Creer es dejarse encontrar, rostro a rostro, dejar que las miradas se crucen. La fe es cuestión de gratuidad, de don, de regalo, de responsabilidad. El que era ciego ya no lo es. Los que creían ver, ahora son ciegos…
Es de admirar la apertura del ciego que se aventuró a creer en la palabra de Jesús sin poner pretextos. Es tan grande su necesidad/deseo de ver que es capaz de hacer hasta cosas ridículas: aceptar que Jesús le ponga saliva y lodo en sus ojos, lavarse en la piscina. Haciendo lo increíble el ciego termina viendo y creyendo. El ciego nos da lecciones de una fe humilde, creciente y comprometida. También nos da lecciones para aprender a distinguir el bien y el mal, las apariencias y la realidad, la verdad y la falsedad. En nuestros ambientes posmodernos somos muy dados a dejarnos guiar por las apariencias y las percepciones. Es más, intentamos medir la verdad por lo que dicen los promotores anónimos de la opinión pública. El ciego ha aprendido el arte de la fe en Jesús. Ha creído y se ha dejado transformar por la fe. La fe-encuentro con Jesús lo ha convertido en testigo apóstol, en discípulo misionero. Lo mismo aconteció con la samaritana.
¡Es tiempo de Cuaresma! ¿Cómo anda nuestra visión? ¿Qué cegueras nos impiden avanzar en el crecimiento de la fe? En la Pascua volveremos a encender el cirio, cantaremos Cristo, luz del mundo, y renovaremos la fe.
Los/las bendigo con el cirio encendido.

+ Sigifredo
Obispo de/en Zacatecas

Con autorización del Señor Obispo de Zacatecas Sigifredo Noriega ¡Gracias Don Sigi!

 

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