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¿TAMBIÉN NOSOTROS BUSCAMOS QUEDARNOS 'ARRIBA'?
Segundo Domingo de Cuaresma. Ciclo A


El jueves después de ceniza leí en Facebook -al principio con sorpresa, después con una sonrisa a medias- esta frase/comentario/queja/que todo mundo se entere: "Voy a cambiar de religión". La curiosidad (otra vez caí en la tentación) me llevó a leer los comentarios: "¡Qué poco aguantas!" ¡Apenas va empezando la cuaresma y ya quieres tirar la toalla!... Y así, los comentarios con el mismo tono. Quiero creer que los chavos compartían 'algo', simplemente, para iniciar un chateo o un choteo. De cualquier manera, me hizo pensar en nuestras resistencias para aceptar los dolores que ocasiona cualquier renuncia/sacrificio; también en la serenidad/paz/gozo que traen consigo las probaditas de gloria, que también las hay en la vida.

"¡Si no fuera por estos momentos, los fines de semana y las quincenas!", comentamos cuando disfrutamos algún momento intenso. Nos transfiguramos y quisiéramos alargar el momento para no regresar a las duras realidades de la vida. Cruz y gloria, glorias y cruces, misterios gozosos, luminosos, dolorosos y gloriosos hay en la vida, en toda vida, desde el principio hasta el final. Nadie nos escapamos.

La escena del segundo domingo de Cuaresma muestra la gloria de Jesús (o sea, a Jesús resucitado) después de haber anunciado el paso doloroso de su pasión y muerte. Es una probadita de la resurrección dirigida a los discípulos que 'no entienden', es decir, a nosotros discípulos de todos los tiempos/medidas/edades/ dudas y expectativas. Si la escena habla de Jesús resucitado, habla también de lo que nos espera, de lo que "ni ojo vio, ni oído oyó". Jesús elige a tres testigos y los hace subir a la montaña de la revelación. Estos privilegiados escuchan/ven lo que los demás compañeros de camino no escuchan, ni ven. Ven la gloria de Dios en Jesucristo, ven la meta israelita (de Moisés y los profetas), logran descubrir la palabra de Dios que revela a su propio Hijo. Pues bien, a pesar de eso, ellos no acaban de entender/aceptar. La causa es clara: por un lado, siguen teniendo miedo a lo desconocido y a las pruebas conocidas de la vida; por otro, buscan la tranquilidad, quieren quedarse allí, posponer las pruebas/dolores de la tierra (= hacer tres tiendas)…

El texto habla de la necesidad de 'bajar' allá donde están los restantes discípulos, el común de los mortales, tú y yo. Con ganas de gritarle a Pedro: ¡Baja, Pedro! ¡No tengas miedo! ¡No te quedes arriba! Haz tus maletas y emprende el descenso. El Evangelio tiene que ser predicado, ¡y hay de nosotros si no lo predicamos! (cf. 1Cor, 9, 16). Si no escuchamos lo que tu y tus privilegiados compañeros han visto y escuchado, nos vamos a hundir en las penas de la vida y las cruces del camino nos aplastarán sin remedio.

Segundo domingo de Cuaresma. Segunda semana del camino hacia la Pascua. La experiencia vivida por Pedro, Santiago y Juan nos viene bien en este tiempo de oración, limosna y ayuno. Poner los pies en la tierra mirando el futuro de luz que nos espera. Las luces que disfrutamos en el camino son 'probaditas'. Pero no nos podemos quedar 'arriba' negando/escondiendo/posponiendo las sombras y las noches oscuras. No hay futuro de luz si no es atravesando el presente con sus recovecos y turbulencias. La luz que no conoce ocaso está un poco más allá. Su brillo depende de la travesía que hagamos. Nos jugamos la aurora de luz en la caminata de la noche. Así lo vive/anuncia Jesús para él y para los que le quieran seguir al anunciar su pasión y su muerte. ¿Cómo caminar? Tanto en la noche como en el día bastará caminar escuchando al Hijo, revelado como el Hijo predilecto. La fuerza de nuestros pies está en lo que 'entra por los oídos', es decir, en la obediencia del/al "escúchenlo". Es Cuaresma, tiempo favorable. Segunda llamada.

Pidamos que el Señor nos dé las gotas de su misericordia para que podamos ser transfigurados por su amor. Si la fe mueve montañas, el amor de Dios puede resucitarnos.

Con la bendición cuaresmal. Desde el cielo, vuelo 706, México-Hermosillo, con todo y sus turbulencias.

+ Sigifredo
Obispo de/en Zacatecas

Con autorización del Señor Obispo de Zacatecas Sigifredo Noriega ¡Gracias Don Sigi!

 
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