William Cunningham

Iba un hombre caminando por el desierto cuando oyó una voz que le dijo:

"Levanta unos guijarros, mételos a tu bolsillo y mañana te sentirás a la vez triste y contento".

Aquel hombre obedeció. Se inclinó, recogió un puñado de guijarros y se los metió en el bolsillo.

A la mañana siguiente, vio que los guijarros se habían convertido en diamantes, rubíes y esmeraldas.

Y se sintió feliz y triste.

Feliz, por haber recogido los guijarros; triste, por no haber recogido más.

Sucede lo mismo con nuestra vida, constantemente Dios nos muestra qué hacer, levantar al caído, escuchar al solitario, amar a triste, ayudar al desamparado.

Cada vez que haces cosas agradables a los ojos de Dios almacenas riquezas en el cielo, pero si algún día nos damos cuenta que pesar de la insistencia nunca escuchamos y veamos que no tenemos riquezas en el cielo, nos sentiremos tristes y solos.

Vive tu vida, asegurándote de hacer una fortuna canjeable solamente en el cielo...donde la riqueza de la presencia de tu creador es eterna.

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