A diferencia del pasado cuando primero se pagaban las cosas y luego se disfrutaba de ellas, hoy vivimos bajo la misma filosofía del sistema de crédito: gozando ahora y pagando luego. Lo que a veces se nos olvida es que tarde o temprano hay que pagar… ¡y con intereses!

 

Hasta medios del siglo que terminó, en la infancia teníamos que hacernos merecedores de cualquier cosa antes de lograr que nos la dieran. Como a nuestros papás no les interesaba vernos felices sino prepararnos para la vida, nos exigían mucho y nos daban poco. Es decir, en la niñez nos hacían pagar con esfuerzo y méritos todo lo que queríamos, gracias a lo cual desarrollamos la capacidad de esforzarnos por obtener lo que soñábamos y la dicha de valorar lo poco que recibíamos.

 

Sin embargo, hoy día a los niños se les da todo lo que pidan, y lo que no también, para mantenerlos felices. Así, tan llena como su agenda de actividades es en la actualidad su lista de posesiones y privilegios. Por ejemplo, los niños ahora tienen reloj (que nosotros recibimos como regalo de Primera Comunión) antes de que siquiera reconozcan los números; cama doble y teléfono propio (que nosotros tuvimos cuando nos casamos) desde los 10 o 12 años. Y desde los 6 o 7 años tienen “novio(a)”, ven novelas y películas para mayores, van a fiestas bailables con discjockey y tienen televisión, equipo de sonido, video, DVD, Play Station, I-pod, y hasta computadora personal (mejores que los nuestros) en su propia habitación.

 

Yo me pregunto ¿qué pueden ambicionar estos niños? ¿Con qué ánimo se van a esforzar por aprender, por capacitarse para ganarse la vida si siempre han obtenido todo sin ningún trabajo? Si lo que queremos es darles lo mejor, ¿será que darles todo lo habido y por haber es en realidad “lo mejor” para ellos?

 

Lo grave es que en esta forma no sólo están gozando poco en la niñez sino que pagarán caro en la adultez porque al tener tanto no están aprendiendo a lidiar con la frustración ni postergar la gratificación, no aprecian ni agradecen lo mucho que reciben, y no estarán capacitados ni dispuestos a luchar por lo que sueñan, todo lo cual es indispensable para lograr tener una vida plena y feliz.

 

El incremento en las tasas de depresión, de suicidio y de conductas autodestructivas entre los niños y los jóvenes, también puede ser un indicativo de que hoy muchos niños son infelices, no por que les falte algo, sino porque tienen demasiado. Parece que al vivir en términos de gozar ahora y pagar luego les estamos brindando la felicidad inmediata pero garantizando la infelicidad futura.

 

 

 


 

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