Ahora quiero amar algo lejano...
a algún hombre divino
que sea como un ave por lo dulce,
que haya habido mujeres infinitas
y sepa de otras tierras, y florezca
su palabra en sus labios perfumada:
suerte de selva virgen bajo el viento...
y quiero amarlo ahora. Está la tarde
blanca y tranquila como musgo espeso.
Tiembla mi boca y en mis dedos finos
se deshacen mis trenzas lentamente.


Siento un vago rumor... Toda la tierra
esta cantando dulcemente... Lejos
los bosques se han cargado de corolas
desbordan los arroyos de sus cauces
y las aguas se filtran en la tierra
así como mis ojos en los ojos
que estoy soñando embelesada... Pero
ya está bajando el sol tras de los montes...
Las aves se acurrucan en sus nidos...
la tarde ha de morir, y él está lejos...

Lejos como este sol que para nunca
se marcha, y me abandona, con las manos
hundidas en las trenzas, con la boca
húmeda y temblorosa, con el alma
sutilizada, ardida en la esperanza
de este amor infinito que me vuelve
dulce y hermosa...

 

 

Música:

Enrique Guzmán
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Un agradecimiento especial a Luciano Quiñones por permitirme utilizar sus MIDIS para ambientar este enlace.
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